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¿Por qué hablar de Libia y no de Kuwait? Intervención militar en Venezuela — Vicente Quintero

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Con mucha sensatez y responsabilidad, diversas voces a nivel internacional han advertido los riesgos de una intervención militar en Venezuela. Entre ellas, Shannon O’Neil del Council On Foreign relations. A menudo, se compara el caso venezolano con el de Panamá, Irak y Libia, tomando en cuenta, por supuesto, las particularidades de cada una de las situaciones. ¿Pero Venezuela tiene que convertirse en una Libia? La verdad es que no. Venezuela bien podría ser una Kuwait: un país rico y próspero. Después de todo, Venezuela tiene mucho petróleo y las petroleras estadounidenses, bien establecidas en el país sudamericano, tienen toda la tecnología y la red de contactos necesarias para impulsar nuevamente la otrora pujante industria petrolera venezolana. Y no solo petróleo: en Venezuela también hay torio, coltán, oro, hierro, bauxita y gas.

La coalición militar internacional en defensa de Kuwait

En el año 2016, fue el aniverso número 25 de la intervención militar en Kuwait. Irak había violado reiteradamente todas las disposiciones del Consejo de Seguridad de la ONU y había ocupado ilegalmente a Kuwait, Estado-Nación que no tenía la capacidad de resistir las embestidas bélicas iraquíes. A juicio de las autoridades de Kuwait, estas no podían defender su soberanía sin el apoyo de una coalición militar internacional. La Organización de Naciones Unidas no solo condenó la invasión de Kuwait por parte de Irak, sino que además le impuso muy severas sanciones. Las más relevantes resoluciones fueron las siguientes: 660, 661, 678 y 687. La ONU no prohíbe la guerra de forma absoluta, sino que busca impedirla en la mayor medida posible.

Irak, durante varias décadas había sostenido que Kuwait era, en realidad, un Estado-Nación artificial, el cual había sido históricamente parte de Irak y la separación había sido motivada por fuerzas colonialistas imperiales -el Tratado de 1899 entre Inglaterra y Kuwait, la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano y la Conferencia en Al Uqayr (Arabia Saudita, 1922)-. El pretexto perfecto lo encontraron en la crisis política que atravesaba Kuwait y los movimientos revolucionarios emergentes. Y como no fue posible que algún movimiento pro-Irak tomara el poder en Kuwait, no quedó otra opción que la invasión militar directa.

Según Hussein, Kuwait era en realidad una provincia de Irán que debía ser recuperada. Al principio, Irak reclamaba la revisión de la frontera con Kuwait. Con el paso del tiempo, más que una revisión fronteriza, lo que Irak reclamaba era la ocupación total del territorio de Kuwait y el ejercicio de soberanía iraquí en estas tierras. La comunidad internacional desestimó estas pretensiones de Irak sobre Kuwait. En realidad, Irak nunca había ejercido plena soberanía sobre Kuwait; este territorio había tenido históricamente una estructura gubernamental independiente.

Irak se rehusaba a tolerar que “esta provincia iraquí por reclamar” no respetara las cuotas de producción asignadas por la OPEP y que violara los acuerdos bilaterales en el campo petrolero Ar Rumaylah, ubicado en la frontera entre Irak y Kuwait. Mientras que Irak había cesado la extracción de petróleo, Kuwait seguía produciendo con total normalidad. Según los iraquíes, Kuwait incluso llegó a extraer petróleo del lado de Irak, sin permiso. Lo que a los iraquíes les costaba admitir, sin embargo, era la deuda de más de 13 mil millones de dólares que habían contraido con el Estado de Kuwait.

A través de la resolución 678, la ONU autorizó a los Estados miembros a hacer uso de todos los medios que fueran necesarios, con el propósito de que Irak retirara sus tropas de Kuwait -como exigía la resolución 660-, y de esta forma, “restaurar la paz y la seguridad en la región”. Esta idea central de la resolución 678 marcó un precedente en el derecho internacional y fue, de hecho, el principal argumento de la acción militar en Irak en el año 2003. Y en la etapa pre-intervención militar de Venezuela, también se discute sobre el peligro que representa la crisis del país sudamericano para la paz y la seguridad en la región -solo basta leer con detenimiento las declaraciones del Grupo de Lima-.

La coalición militar internacional en defensa de Kuwait, liderada por Estados Unidos y otros aliados, obtuvo la victoria en pocas semanas. Luego de que Irak se negara a retirar sus tropas de Kuwait, el 17 de enero de 1991 comenzó el bombardeo de Bagdad con proyectiles dirigidos y aviones de la Fuerza Aérea. A nivel terrestre, la acción militar ofensiva no inició sino hasta el día 24 de febrero. En menos de una semana, las fuerzas iraquíes se retiraron y fueron derrotadas: el 26 de febrero la soberanía de Kuwait había sido restaurada.

Venezuela: Paralelismos y diferencias con Kuwait

Ahora, vamos con el caso de Venezuela. Mientras que el territorio de Kuwait es de apenas 17.818 km ², el de Venezuela es de 916.445 km². En términos nominales, la población de Venezuela es alrededor de 6 veces más grande, si bien la densidad poblacional en Kuwait es más alta. Por más quirúrgica que sea la operación para remover a Nicolás Maduro del poder, lo cierto es que esta amerita una buena, acertada y muy prudente planificación militar estratégica.

Según el periodista Javier Mayorca, la administración de Maduro y los distintos movimientos que a duras penas todavía lo apoyan a nivel nacional, se han preparado para la contingencia de una guerra popular prolongada, la cual podría guardar, en lo táctico, grandes similitudes con la guerra entre Estados Unidos y Vietnam. En el seno de las Fuerzas Armadas Nacionales, existe un documento conocido como el Manual de Orden Interno y una de sus secciones más controversiales trata sobre la guerra popular asimétrica y prolongada. Según Mayorca, en un artículo para el diario Tal Cual, estas serían sus etapas:

La primera parte de la guerra popular prolongada es la crisis. Puede prolongarse por semanas o meses. En ese lapso, “el enemigo crearía las condiciones políticas y técnico militares para la agresión”, lo que incluiría también una concertación con organismos multilaterales, como la Organización de Estados Americanos (mencionada de manera expresa en el documento), para legitimar las acciones que se emprendan con posterioridad.

Según el manual, para ese momento ya la guerra resulta inevitable. El Presidente, al percatarse de la inminencia del conflicto armado, decretaría un estado de conmoción, y toda la economía se incorporaría a la empresa bélica. Lo cual justificaría expropiaciones o requisiciones masivas, que incluyen desde inmuebles de empresas privadas hasta vehículos particulares.

La segunda parte, indica el Manual, comenzaría con los llamados “golpes” de la aviación enemiga. Este es en realidad el inicio formal de la guerra. Los objetivos primordiales serían los sistemas de defensa antiaérea, los centros de comando de tropas y de administración del Gobierno. Se parece a lo llevado a cabo durante las dos intervenciones en Irak (1990 y 2003), en el sentido de que los bombardeos quirúrgicos dan la primera campanada. El estimado de la Fuerza Armada indica que esta situación se prolongaría por una semana o diez días, y marcan una fase previa a las operaciones terrestres.

En los siguientes noventa días se desarrollaría una etapa de combate terrestre, según lo plasmado en el documento. Las acciones de resistencia se denominarían Operación Estratégica contra la Invasión. En esto, no pareciera haber muchas diferencias con respecto a los conflictos armados convencionales.

La guerra se prolongaría en el período siguiente. Y para esto es que se han llevado a cabo los últimos ejercicios, incluido el Angostura 2019. La FAN junto al “pueblo organizado”, pasaría a convertirse en una suerte de fuerza irregular. Las unidades y destacamentos que conserven su capacidad operacional continuarían librando “acciones clandestinas” hasta que se considere alcanzada la victoria. Como en Vietnam, esto se verificaría con la “expulsión de los invasores”.

Todo esto implica una importante movilización de recursos económicos –todas estas operaciones son costosas-, militares y administrativos por parte de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, en una muy delicada coyuntura internacional. Según el Modern War Institute de los Estados Unidos, el ordenamiento mundial vigente desde 1945 está en peligro, sobre todo por el auge de superpotencias emergentes como China. Estados Unidos necesita de una transición ordenada en Venezuela, que no vaya a afectar su política exterior en el resto de la región.

Donald Trump puede autorizar una intervención militar a Venezuela sin permiso del Congreso, pero sólo por un lapso menor a 60 días. Si las fuerzas pro-Maduro lograran extender el conflicto por más de 60 días a través de la estrategia de la guerra popular prolongada, sería entonces necesaria la aprobación del Congreso de los Estados Unidos, en donde no existe un consenso sobre el caso de Venezuela. No es un escenario fácil; al enemigo no se le sobreestima, pero tampoco se le subestima.

Bien es sabido que hoy las relaciones entre Estados Unidos y la Federación Rusa no son, ni de cerca, tan positivas como las de finales de los años ochenta y principios de los noventa. Y más allá de las relaciones entre los Estados Unidos y Rusia, la ecuación se pone más complicada cuando añadimos los factores Venezuela y Kuwait. En el caso de Kuwait, esta había sido el único Estado-Nación pro-soviético en el área del Golfo Pérsico. A estas alturas, la oposición venezolana ya debería haber comenzado rondas de negociaciones con diplomáticos de China, Rusia, y otras potencias emergentes.

Al momento de organizarse una coalición internacional en defensa de Kuwait, esta tuvo el apoyo no solo de los Estados Unidos, sino también de la Unión Soviética. Un apoyo que no solo se restringió a lo diplomático: este se extendió a lo militar-estratégico. En cambio, el caso venezolano es mucho más complicado en la actual coyuntura geopolítica internacional. Es muy probable que los gobiernos de la República Popular China y la Federación Rusa bloqueen cualquier intento de intervención militar en Venezuela, por lo menos a nivel diplomático. Hasta ahora eso es lo que han hecho desde espacios como la Organización de Naciones Unidas.

Importantes voceros de la oposición y analistas políticos, asociados a la oposición venezolana, sostienen que el país sudamericano ha sido invadido por Cuba. María Corina Machado, José Guerra, Juan Guaidó y muchísimos más, han denunciado que Venezuela ha vivido una intervención militar orquestada por Cuba desde hace veinte años. La oposición ha denunciado, durante muchos años, que Hugo Chávez y Nicolás Maduro han sido hombres serviles a La Habana, quienes regalaron la seguridad nacional de Venezuela en bandeja de plata.

“La peor humillación al honor militar venezolano es que ahora se le rinde homenaje a Fidel Castro y a su tiranía aquí mismo, dentro de nuestro propio territorio, donde ellos derramaron la sangre de ese Ejército al que pertenezco, y a los descendientes de quienes la derramaron, a nuestros oficiales y soldados actuales, se les obliga por conducto de quienes debían evitarlo, sus generales y almirantes, a gritar el lema de nuestro enemigo, el lema creado en Cuba por el dictador Fidel Castro el 5 de marzo de 1960 ‘Patria, Socialismo o Muerte’. El mismo lema que gritaban los militares cubanos infiltrados en nuestro territorio en los años 60, cuando mataban a nuestros oficiales y soldados del Ejército de Venezuela, cuando cortaban sus genitales para colocárselos en la boca, cuando abrían con cuchillos sus gargantas para sacar por el orificio sus lenguas a la modalidad de corbata o cuando asesinaban a nuestros campesinos para infundir miedo y obligarlos a no denunciarlos”. — Ángel Vivas, en un artículo publicado en el año 2011

La comunidad internacional todavía ve con escepticismo estas aseveraciones sobre el domino de Cuba sobreVenezuela. Más allá del envío de misiones militares y los diversos convenios de cooperación suscritos, sobre todo en el área de salud, para los extranjeros resulta inverosímil esta situación. Nadie puede creer que un país como Cuba haya podido invadir a un país como Venezuela, y sin ni siquiera disparar un solo tiro. La versión de la invasión militar a Venezuela por parte de Cuba no tiene todavía suficiente respaldo en la comunidad internacional. Y no es un secreto que muchos movimientos subversivos en la Latinoamérica del siglo XX habían sido apoyados por Cuba. En los años sesenta, Cuba ya había tratado de invadir a Venezuela, con el apoyo de colaboradores internos.

La pregunta es: ¿La situación de Venezuela en 2019 se parece a la de Kuwait en 1991? La verdad es que no. Hay muchas diferencias, tanto a nivel interno, como externo. Venezuela no fue atacada por Cuba, al menos no de forma abierta y directa. Irak invadió de manera formal el territorio de Kuwait y comenzó un conflicto militar de muy lamentables consecuencias. En el caso de Venezuela, Hugo Chávez le abrió a Fidel Castro las puertas de Venezuela. La mayoría de los gobiernos de Latinoamérica, en su momento, no desaprobó este acercamiento entre Cuba y Venezuela. Las cosas apenas empezaron recientemente.

La comunidad internacional no llega todavía a un consenso. La posibilidad de una intervención militar es aún muy remota. A nivel interno y externo, los partidarios en los Estados Unidos de una acción militar en contra Nicolás Maduro no logran consolidar el apoyo de la opinión pública y la legitimidad que de ella emana. “La intervención militar no es la vía que Estados Unidos está siguiendo. Hemos dicho que no usaremos fuerza militar para forzar la entrada de ayuda a Venezuela”, dijo Elliott Abrams hace unos días. Los escenarios esperados para Venezuela siguen siendo la transición pacífica y democrática, el golpe militar interno y, aunque menos deseable, una operación al estilo de Bahía de Cochinos.

Según la comunidad de empresarios venezolanos en Estados Unidos, Donald Trump es un hombre que le tiene gran estima a Venezuela. Luego de la adquisición de la Miss Universe Organization, el magnate conoció a muchas figuras importantes de los medios de comunicación venezolanos. El mundo de las misses y los clubes elitescos de golf lo llevaron a la élite venezolana. Muchos dicen que Trump es un hombre que quiere a Venezuela. Hasta la periodista Eva Golinger, en un artículo para RT, medio financiado por el gobierno de la Federación Rusa, lo reconoce: “ Según sus asesores, el presidente estadounidense considera que el país latinoamericano es diferente a los países de Oriente Medio donde Estados Unidos ha intervenido, como Afganistán, Irak o Siria. Para él, Venezuela es un país ‘occidental’, que debería ser ‘rico y desarrollado’.”

En definitiva, nadie pone en duda que una intervención militar en Venezuela presenta riesgos, como cualquier cosa en la vida. Después de todo, nadie sabe a ciencia cierta cómo terminará o no una intervención. Pero lo cierto es que Venezuela no necesariamente tiene que convertirse en una segunda Libia: bien podría ser una segunda Kuwait. Y como dice Eva Golinger, Donald Trump considera que Venezuela, como país occidental, debería ser rico y desarrollado. Los estadounidenses conocen muy bien las potencialidades de Venezuela.

No solo a nivel petrólero, sino en materia turística, energética, cultural, geográfica, estratégica-militar, tecnológica e inmobiliaria. Por mucho tiempo, los estadounidenses fueron nuestros socios estratégicos más importantes. Como bien señala Elizabeth Cobbs en The New York Times, Kuwait demostró que las intervenciones limitadas pueden ser exitosas. Todas las opciones tienen que ser evaluadas con prudencia. Aprendamos de la Historia.

Notas:

  1. Este artículo, de ninguna forma, busca justificar una intervención militar en Venezuela. Una acción militar internacional en contra de Maduro sigue teniendo sus riesgos. Lo que se sugiere es que, esta operación no necesariamente tiene que salir mal.
  2. Para Kuwait, una de las grandes lecciones de la invasión de Irak es que la asistencia financiera a un país vecino no garantiza que el gobierno de dicho país no vaya a tomar una postura hostil en tu contra.
  3. Según servicios de inteligencia, la invasión de Kuwait por parte de Irak había sido planificada por Saddam Hussein desde, por lo menos, 1986.
  4. En el mes de agosto de 1991, los gobiernos de Kuwait y los Estados Unidos firmaron un acuerdo de suministro militar extranjeras por 81 millones de dólares.
  5. En septiembre de 1991, Kuwait firmó un acuerdo de defensa (diez años) con los Estados Unidos, el cual permite que los estadounidenses le den asistencia militar a Kuwait y realicen ejercicios militares en este país. El acuerdo bilateral no previó el establecimiento de bases militares estadounidenses.
  6. Kuwait es un país muy pequeño, si bien muy rico y con una ubicación estratégica privilegiada. El territorio de Venezuela es casi 52 veces más grande que Kuwait. La población de Kuwait es seis veces más pequeña que la de Venezuela. En términos tácticos, una operación en Venezuela sigue siendo complicada.
  7. Las pretensiones de Irak sobre Kuwait podrían haber estado relacionadas con el mercado petrolero. A medida que se descubrieron más pozos petroleros en Kuwait, mayor fue el interés de Irak en apoyar la disidencia en Kuwait y luchar diplomáticamente por su soberanía en ese territorio.
  8. Según Saddam Hussein, Kuwait le debía dinero a Irak. Kuwait no había reducido sus exportaciones petroleras y no quería pagar los préstamos hechos por las naciones árabes. Kuwait consideraba que no tenía que pagar estos “préstamos” porque en realidad habían sido ayudas y donaciones.
  9. En la coalición militar internacional para defender a Kuwait participaron contigentes militares estadounidenses, franceses, soviéticos, japoneses, egipcios y saudi-árabes.
  10. Donald Trump es un hombre que conoce muy bien el mercado inmobiliario latinoamericano, incluyendo el de Venezuela.

Material referencial:

Castañeda, J. (2018). Derrocar o no derrocar a Maduro. The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2018/09/26/opinon-castaneda-derrocar-nicolas-maduro/

Cobbs, E. (2016). Kuwait Showed the Value of Limited Intervention. The New York Times. https://www.nytimes.com/roomfordebate/2016/02/28/pursuing-regime-change-in-the-middle-east/kuwait-showed-the-value-of-limited-intervention

Golinger, E. (2009). El fracaso de Trump en Venezuela. Russia Today. https://actualidad.rt.com/opinion/eva_golinger/307070-fracaso-trump-venezuela

Jiménez, D. (2018). Una guerra silenciada, la invasión de Cuba a Venezuela. http://elestimulo.com/blog/una-guerra-silenciada-la-invasion-de-cuba-a-venezuela/

Marrón, V. (2006). Acerca de la legalidad de la guerra de Irak.a) La supuesta legalidad de la reanudación de la guerra en Irak. Réplica a una defensa de la posición de José María Aznar. Anuario Mexicano de Derecho Internacional. https://revistas.juridicas.unam.mx/index.php/derecho-internacional/article/view/189/315

Mayorca, J. (2019). Guerra popular prolongada. Diario Tal Cual. http://talcualdigital.com/index.php/2019/02/21/guerra-popular-prolongada-por-javier-ignacio-mayorca/

Metz, H. (1993). Persian Gulf States: A Country Study. Washington: GPO for the Library of Congress. http://countrystudies.us/persian-gulf-states/32.htm

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Autor: Vicente Quintero Príncipe @vicenquintero

Vicente Quintero es Licenciado en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas, con énfasis en la politología. Quintero es asesor inmobiliario en formación y opera en el Área Metropolitana de Caracas. Cursa actualmente estudios de cuarto nivel en Gobierno y Políticas Públicas. También ha tomado cursos de cultura y política en la Universidad Politécnica Estatal de San Petersburgo (Rusia), en donde estudió el idioma y la cultura de Rusia. Quintero ha sido intérprete-traductor y asesor político de periodistas y empresarios extranjeros en Venezuela. Quintero es analista del Centro Internacional Anti-Crisis de San Petersburgo, el cual publica en inglés, ruso y francés. Quintero es columnista de El Nacional Web (Venezuela), Cultura Colectiva (México), The Global World (España), WTC Radio (Venezuela), ProEconomia, Alternos (Venezuela), American Herald Tribune (Estados Unidos) y La Trenza (México).

Sus artículos también han sido publicados por Entorno Inteligente (Venezuela), Maduradas (Venezuela) y Иносми — Россия Сегодня (Rusia). En el año 2018, ha tenido la oportunidad de presentar sus obras de arte en el Museo Alejandro Otero (Fundación de los Museos Nacionales de Venezuela). A través del arte, Quintero expresa la realidad política y económica del mundo. Quintero habla cuatro idiomas: español, inglés, ruso y alemán. Quintero ha dado entrevistas para la BBC, Россия 24, Izvestia, WTC Venezuela y otros medios nacionales e internacionales. Quintero además ha aprobado la mitad de los créditos de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Metropolitana de Caracas, lo que le ha permitido desarrollar inteligencia emocional.





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