LGBT

nada

Nunca he estado orgullosa de mí misma. Tengo 27 años y no creo haber logrado absolutamente nada en mi vida.

Llevo varios días sintiéndome enojada. Despierto y todo lo que escucho en mi cabeza es una lista interminable de cosas que debería estar haciendo y en todo lo que debería cambiar. Pienso en lo ridícula que soy. En lo perdedora. En lo estúpida que soy por NO HACER NADA. Por desperdiciar el aire. Por tenerlo todo y aún así sentirme inútil. Por seguir aquí, en esta ciudad que me ahoga. Por dejar que me ahogue.

Ni siquiera soy lo suficientemente valiente para decirle a mi mamá “SOY GAY”. Me indigna y me duele que discriminen a otros, y yo me lo hago todos los días. ¿Por qué me da tanto miedo?, ¿tanta pena?

Siempre dejo todo a medias. Podría ser una muy buena ilustradora si me hubiese comprometido. Podría escribir cosas decentes si leyera más y siguiera escribiendo. Podría ser muy buena en muchísimas cosas. Cosas que me importan. Que me encantan.

No sé cómo creer en mí. No sé cómo ser lo suficientemente importante para mí misma. No sé cómo quererme y aceptarme y verme con amor.

Cuando me veo en el espejo después de ponerme maquillaje me siento la más bonita del mundo. Cuando me veo en el espejo usando ropa que me gusta y me hace sentir cómoda me siento invencible. Cuando me quito el maquillaje y me miro de cerca, puedo ver todo el acné, las marcas, mis poros enormes, el vello facial, mis dientes manchados y me doy asco. Soy una farsa. Todas las fotos que ven de mí son un vil engaño.

A veces escucho voces de las personas que me conocen. Susurran cosas sobre mí; hablan de mi mediocridad, de mi flojera, de lo dramática que soy, de mi sexualidad. Son ecos de mi propia voz. Dicen todo lo que pienso de mí, las disfrazo y las dejo torturarme. Soy mi propio verdugo.

En algún lugar escuché que el enojo es dolor reprimido. Pensé en todas las veces que he estado enojada. Casi al final de mi berrinche he sentido un nudo en la garganta y he querido llorar. Pero no me dejo. No era el momento o el lugar. Después cuando intento hacerlo es imposible. Solo siento enojo, o peor, no siento nada.

Sé que en algún lugar recóndito de mi ser, todavía hay un cachito de esperanza. Un pedacito de resistencia. De necedad. Una chispita que pica, que parpadea. Que cree que todavía puedo hacer algo, que todavía no es tarde. Que necesita que la mire, que la deje hablar y que la ponga al frente del ejército. Es chiquita pero con tantita fe sería capaz de domar todas mis tinieblas. Necesito sacarla del rincón. Antes de que se rinda, antes de que hasta ella pierda la esperanza.




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